Tendencias: Consumidores políticos, negocios politizados

febrero 13, 2017
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Una de las consecuencias evidentes del poder de las nuevas tecnologías de información es el buen estado de salud del activismo online. Desde el feminismo, pasando por la inclusión social, la pobreza o los derechos de los animales, los usuarios están utilizando las redes sociales como un altavoz para dar visibilidad a los temas que creen importantes. Pero este posicionamiento no es una cuestión únicamente social, sino que las personas esperan que las marcas se involucren en la discusión política. Según Sonar, un 78% de los consumidores estadounidenses están de acuerdo con que las empresas deberían actuar sobre los aspectos importantes que afectan hoy en día a la sociedad, mientras que un 88% considera que las las empresas tienen el poder para influir en los cambios sociales.

Women’s March ha sido un movimiento feminista que se ha iniciado en Estados Unidos, pero que ha tenido réplicas ya en ciudades de todo el mundo. En España ha sido especialmente importante la llevada a cabo en Barcelona.

El detonante de esta acalorada discusión tiene su origen en los últimos acontecimientos políticos. En Europa el Brexit ha generado un debate importante entorno a al figura de la Unión Europea, además de generar un clima social turbulento entre los diferentes países. Por otro lado, las escasas semanas de gobierno de Donald Trump traen consigo debates en torno al papel de la mujer y a la gestión política de a inmigración. Los mensajes de odio de la campaña America First han generado una ola de respuestas que se ha dejado oír no solo en Estados Unidos, sino en el resto del mundo.

Recientemente la nota xenófoba dejada por un cliente en un restaurante italiano de Estados Unidos ha desatado una ola de apoyo al propietario. En ella se podía leer escrito a mano el siguiente mensaje: “La comida era sabrosa y el servicio atento. Sin embargo, el propietario es mexicano. No volveremos. America primero”.

El sector de la gastronomía es uno de los que más inmigrantes contrata en el país y muchos negocios han comenzado a tomar partido desde el punto de vista político. Es el caso del restaurante Kiwiana en Brooklyn que junto con el recibo incluye el comentario: “Los inmigrantes hace América grande (además ellos han cocinado y servido tu cocina hoy)”.

Para las marcas es cada vez más difícil evitar un debate que en muchos casos les afecta directamente, como es el caso de los trabajadores internacionales de grandes empresas tecnológicas de Silycon Valley. Casi un centenar de empresas tecnológicas han firmado un documento oponiéndose a las políticas de extranjería de Donald Trump. Entre ellas están Facebook, Apple, Google o Tesla. Además de las consecuencias directas que pueden tener sobre muchos de sus trabajadores, señalan que este tipo de medidas son un freno a la innovación, el crecimiento económico y la competitividad de las empresas estadounidenses.

Algunas empresas como Ikea ya están adaptando este tipo de mensajes con su estilo de comunicación. El gigante sueco ha lanzado un hábitat para refugiados. Un diseño con foco en las personas, pero que además saca a relucir el tema de la gestión de los refugiados provenientes de Siria.

También la cadena de distribución Consum ha lanzado la campaña Mira y Opina sobre diferentes temas de actualidad social respecto a los cuales la marca toma posiciones.

Consecuencias de la tendencia

Aunque la demografía sigue siendo un factor importante a la hora de establecer una estrategia, la edad o formación familiar es cada vez menos relevante a la hora de establecer lazos de relación entre los usuarios y las marcas. Los valores y la posición política compartidos entre marcas y consumidores se está convirtiendo en una forma nueva de conectar. Así, compartir un sistema de creencias con la empresa es un factor para nuestra toma de decisiones y el consumo político se está convirtiendo en una realidad de mayor importancia.

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Pepa Casado D’Amato

Soy cofundadora de Futurea y responsable de la investigación de tendencias. Anteriormente lideré el Observatorio de Tendencias del Hábitat. Además soy periodista freelance especializada en diseño y cultura para medios internacionales.

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