Cuando el diseño pierde el apellido industrial

octubre 25, 2016
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Desde que llegara la revolución industrial, se ha impuesto una lógica fabril centrada en producir cada vez más con un menor coste. Durante la historia industrial han existido diferentes prioridades a la hora de concebir productos, aunque siempre se ha tratado de mantener el principio fundamental del diseño: facilitar y mejorar la vida de las personas. Sin embargo, cuando hablamos de que el diseño debe incrementar la calidad de vida de sus usuarios es fácil entrar a debate. Y es que, ¿cuál es la fórmula correcta para conseguirlo?

A día de hoy, aquel principio del equilibrio entre función y estética ya no es la clave para evaluar un diseño. La funcionalidad ha pasado a ser una aspecto intrínseco en cualquier producto. Cuando, por ejemplo, compramos una nueva cafetera no nos cuestionamos si funcionará bien o no, lo damos por hecho. Buscamos entonces algo más buscamos una experiencia, una historia.

Una de las consecuencias de la industrialización ha sido una estandarización contra la que un determinado grupo de la consumidores se está rebelando. Las personas buscan formas de expresar su propia identidad. Una manera más para hacerlo es mediante los productos que consumen y usan en el día a día, desde la ropa y accesorios, todo aquello que ‘exhibimos’ de puertas para afuera, hasta los objetos del hogar, en el ámbito privado.

Impulsados por estos cambios socioculturales, estamos presenciando un particular renacer de la artesanía que, tras muchos años en los que estuvo a la sombra, ha empezado a recuperar la atención que merece.

La artesanía tiene algo que la hace especial frente a la industria, su humanidad. El trabajo artesanal y los materiales naturales dan lugar a objetos imperfectos y únicos, que cuentan la historia de la persona que está detrás de ellos, de la región en la que vive, de sus costumbres, su cultura.

Aunque la artesanía se abre paso lentamente en los mercados más comerciales, lo cierto es que está evolucionando y, como en toda evolución, hay cosas que se pierden en el camino. En este cambio, la artesanía se ha encontrado con un viejo amigo: el diseño.

Hace un par de años en ForoAlfa, en su artículo “Artesanía y diseño”, André Ricard  defendía esta relación como algo necesario para ambas partes. Para al artesanía, porque anclada en los objetos del pasado necesitaba un empujón que la hiciera regresar al presente. Mientras que para el diseño, la colaboración con el artesano le ayudaría a crear objetos “más exclusivos, menos seriados y masificados, pensados para un público más específico y próximo”. En resumen, aprovechar el “saber hacer” del artesano y el “saber qué hacer” del diseñador. La década de los 90 es el punto de inflexión de esta nueva relación. En los últimos años, es una tendencia en crecimiento, lento, pero incansable.

Centrándonos en el ámbito nacional, son destacables algunos de los proyectos que se están realizando y que tienen en común el especial gusto por los materiales naturales, la pasión por el oficio y las ganas de contar la historia que hay detrás de cada objeto.

Uno de los profesionales que más tiempo lleva mostrándonos los frutos de esta colaboración es Martín Azúa, vasco licenciado en Bellas Artes, con varios trabajos en el MoMA. Su trabajo se caracteriza por un proceso que se acerca a los procesos propios de las piezas de arte, explayándose en la experimentación material y buscando la colaboración con la artesanía para ayudar a conservar su valor cultural.

Desde su estudio en Barcelona, ha creado proyectos como ‘Tótem Mortem’ o ‘Trepitjada’, buenos ejemplos en esta tendencia. Ambos parten de una estrecha relación con los materiales naturales y los procesos de producción manuales, a los que consigue dotar de una emocionalidad especial gracias a la fuerte carga conceptual. Con ‘Tótem Mortem’ alcanza un alto nivel de sofisticación con un objeto y unos materiales esencialmente brutos, mientras que con ‘Treptijada’ nos hace sentir en mitad de la huerta murciana de una forma muy sutil, hablándonos de la tradición artesana de esta región.

Otro caso de estudio dedicado íntegramente a la producción artesanal es el de Apparatu, también en Barcelona. Están centrados en la producción de piezas cerámicas y, de nuevo, encontramos procesos de experimentación que distan de lo industrial.

También existen estudios algo más jóvenes que están apostando igualmente por ensalzar los valores de la tradición, colaborando con empresas o artesanos que acuden al diseñador en busca del “qué hacer”.

Otros ejemplos en esta misma línea son los de Granada Barrero (Huelva) y Estudio Disolvente (Madrid). De Granada Barrero, colaboradora también de future-A, destacan dos proyectos muy interesantes. En primer lugar la silla ‘La Fresca’ que, desarrollada en colaboración con el diseñador Damián López, supone una reinterpretación de la clásica ‘silla andaluza’ de anea. Manteniendo el proceso de producción artesanal, este diseño apuesta por una forma y estética actualizadas que se integren mejor en los hogares contemporáneos. En segundo lugar, la colección de bolsos para hombre ‘Lacería’, diseñados para la marca cordobesa Meryan. Para esta colección, se ha inspirado en los motivos del azulejo andaluz, que aplicados de forma artesanal sobre la piel natural, dan lugar a una fantástica visión atemporal de la tradición.

En el caso de Estudio Disolvente, encontramos el proyecto ‘Corcho’, una propuesta que aúna tres dimensiones: diseño, artesanía y gastronomía. Consiste en un rediseño de los elementos que se utilizan para servir el cochinillo segoviano desarrollado junto al artesano Juan Carlos Martín y el hostelero Cándido López. Este proyecto es, además, un buen referente de la buena relación entre diseño y gastronomía, una disciplina en auge denominada como food design, centrada en los aspectos que tienen relación con la comida y el acto de comer.

Como vemos, la artesanía tiene mucho que aportar al diseño, y viceversa. Está claro que la industria con todos sus avances tecnológicos es necesaria en muchos ámbitos, pero también que hay un público cada vez más amplio que valora la compleja sencillez de los procesos artesanales, los objetos imperfectos y únicos, y las historias que estos pueden contar.

La artesanía está de vuelta, si es que alguna vez se fue.

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Pepe Sanmartín

Pepe Sanmartín es Graduado en Diseño de Producto por la Escuela Superior de Diseño de la Región de Murcia. Ha recibido varios reconocimientos, como el Audi Innovative Design Talent Award 2016, y ha colaborado con distintas empresas en el ámbito del diseño de producto, diseño textil, diseño gráfico y arquitectura.

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